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abr 03 2008
La eterna actualidad de Dostoievski PDF Imprimir E-Mail
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Escrito por Redacción Iberarte   
jueves, 03 de abril de 2008
Fiódor DostoievskiEs una suerte que una filósofa y filóloga como Bela Martinova se haya decidido a traducir esta gavilla de cuentos extraordinarios

Por David Felipe Arranz

Los Cuentos del escritor ruso, traducidos por Bela Martinova, descubren a un Dostoievski fresco, renovado y siempre alerta ante el problema del hombre.

Es una suerte que una filósofa y filóloga como Bela Martinova se haya decidido a traducir esta gavilla de cuentos extraordinarios, acaso inéditos en nuestra lengua, acaso desperdigados en antologías de no fácil acceso. Amén de su valentía al arrostrar tamaña empresa, hemos de decir que este paso viene a ser un punto crucial en una trayectoria investigadora sobre el autor de El jugador, que cuenta con trabajos que son ya referencia, como Dostoievski (Madrid, Ediciones del Orto, 1996) y Dostoievski: de la igualdad a la diferencia (Madrid, Biblioteca Nueva, 2003), ensayo este último de necesario acompañamiento de los Cuentos y la puerta que nos abrió al conocimiento de Dostoievski como un tenaz luchador –como lo es Bela– en la arena del infortunio de la ruina burócrata.

David Felipe ArranzNo es frecuente, de ninguna manera, que a la brillantez del intelecto acompañe una faceta humana que se le equipare en intensidades y calidades, como es el caso de Bela Martinova. Tampoco es frecuente que un investigador se tome tan en serio y asuma como suyos los códigos reflejados en la literatura, mujer Quijote andante y pensante; lo normal en esta posmodernidad de moralina residual y ausencia ética es que el estudioso se sirva del autor estudiado para el lucimiento personal. En cambio, Martinova se refugia tras el muro de la discreción que le proporciona el estudio para descubrirnos, para iluminar, para mostrar no sólo sus excelentes traducciones, sino su continua y concienzuda labor de divulgación del legado dostoievskiano.

Fiódor Dostoievski
Portada de `Cuentos´
Los cuentos, formidables monumentos, han sido dispuestos en orden cronológico para poder disfrutar así de la evolución del pensamiento de Dostoievski y detenernos en los vaivenes de su vida, que fueron muchos, desde la prisión a la ludopatía. Destaca, frente a su producción novelística, el humor, que salpimenta muchas de estas pequeñas grandes gemas de la literatura de la Edad de Oro rusa. Porque estamos ante un Dostoievski preocupado, obsesionado por la realidad social que lo circunda y, por consiguiente, por el bien y el mal que de ella emanan. Descuellan en este sentido cuentos como Vlas o El sueño de un hombre ridículo, tratadillos de filosofía en torno al tema del mal vestidos con los ropajes de la poética. Si en El niño con la manita, Dostoievski detiene su mirada en los niños desheredados de la ciudad, en El señor Projarchin descubre los estragos de la burocracia. Dos momentos de la vida del hombre al desnudo, dos instantes de su miseria existencial.

La descarnada actualidad de Dostoievski, especialmente en un entorno cada vez más inhumano en el que nos movemos, nadie sabe hacia dónde, hace de su lectura un bien de primera necesidad. Diríase que las grandes empresas y la Administración pública se rigen aún por la Tabla de rangos de Pedro I el Grande, puro darwinismo en un enorme cubo, falsa libertad hacia una cúspide de cristal que no se puede traspasar. Al otro lado, el sentimiento de trascendencia que no interesa a los que manejan los resortes del poder, a los que establecen los grados a los que puede aspirar un hombrecillo en nuestros días. Y bien que ha de sentirse, piensan para sí, si alcanza a golpearse la cabeza con ese cristal irrompible. Es la teoría del escalafón, el viejo, reptiliano y adorado viaje ascendente a la deshumanización definitiva en pos de la zanahoria puesta en la cúspide arteramente, alimentada con las heces de un sistema injusto y refractario a la fraternidad y al conocimiento. En esta escala de valores, la literatura, Dostoievski, pertenecerían al conocimiento inútil. La integridad, claro, también. La era de los cocodrilos, del enorme animal dormido y escamoso del que habla el moscovita, habitado por algún cretino en su interior, la anunció con anticipación en El cocodrilo. Uno sale a la calle y se tropieza a cada paso con decenas de Iván Matvéievich o con los muertos gogolianos de Bobok.

Dostoievski golpea con el martillo de la conciencia los escalones de mármol barato que sigue el pretendiente de la Corte y los rompe haciéndolos añicos. Conviene, además, leer atentamente la introducción de Martinova, que culmina con una reflexión filológica acerca de la onomástica de los personajes de estos cuentos formidables, preñada de significados en virtud de la adaptación léxica de formas verbales, adjetivales y sustantivas que Dostoievski convierte con habilidad en nombres propios.

- Fiódor M. Dostoievski, Cuentos, edición y traducción de Bela Martinova, Madrid, Siruela, 2007.


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