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may 18 2008
El eslabón perdido entre la filología y la filosofía PDF Imprimir E-Mail
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Escrito por Redacción Iberarte   
domingo, 18 de mayo de 2008
Bruno SnellEl Acantilado publica un magnífico ensayo sobre la génesis del pensamiento europeo en la Grecia clásica

Por David Felipe Arranz.

El Acantilado publica El descubrimiento del espíritu, de Bruno Snell, un magnífico ensayo sobre la génesis del pensamiento europeo en la Grecia clásica.

Publicado por primera vez en 1946, el ensayo del profesor Snell, fallecido en 1987, no ha perdido un ápice de su fuerza y su validez. Para el autor, el pensamiento occidental es, ante todo, el resultado de un devenir histórico, fruto de un proceso intelectual que se pierde en la noche de los tiempos y que parte de Homero hasta llegar al pensamiento europeo moderno. Los griegos se sirvieron de la lógica y crearon lo que luego se llamó pensamiento a través de una nueva concepción del hombre. El arranque de este viaje parte de la historia de la literatura con la epopeya, la lírica y el drama, primeros géneros que trataron de comprender la naturaleza humana.

David Felipe ArranzLas primeras reflexiones en torno al espíritu, al conocimiento y al concepto son, pues, metafóricas. Es el tiempo de la intuición mítica, del conocimiento poético, vinculado a una explicación religiosa de las cosas en la que intervienen los dioses. Las formas discursivas de la Antigüedad, por lo tanto, se hallan más cercanas a la esfera de la religión.

El descubrimiento del espíritu
Portada de `El descubrimiento del espíritu´
El hombre homérico no interpretaba sus acciones como provenientes de nuestra concepción de espíritu y de alma, eran modos o maneras de actuar de los hombres, pero ya comenzaban a desarrollar un perfil, una psicología muy determinada que daría paso en la Teogonía de Hesíodo a todo un desarrollo posterior de la filosofía, la ciencia, la moral, etc. Con Hesíodo, la diosa de la memoria, Mnemósine, ayuda a los hombres a traer a su cabeza, a representar los objetos y a pensar sobre ellos (ahora que la memoria está tan desprestigiada, Snell muestra a las claras su importancia esencial en el nacimiento del conocimiento).

En este punto han de trabajar juntos filólogos y filósofos, en el que las palabras comienzan a definir el espíritu, en el nacimiento de la lírica, de la tragedia y en el paso de ésta a la filosofía con la crítica que el comediógrafo Aristófanes realizó al último autor trágico, Eurípides. Entonces, especialmente con Calímaco, esa conquista filosófica de la palabra, del verbo lírico, se convirtió en un bien cultural, bien que fue recogido en las églogas de Virgilio para transformarlo en el pensamiento europeo.

Estamos, en definitiva, ante un magnífico ensayo de grandes dimensiones cuyo alcance sigue incólume a pesar de haber transcurrido más de sesenta años desde su publicación. El mérito de Snell estriba en la apuesta por esa alianza que se hace necesaria entre filólogos y filósofos, entre los amantes de la palabra y de la sabiduría, haz y envés de esa misma moneda llamada espíritu.

- Bruno Snell, El descubrimiento del espíritu, Barcelona, El Acantilado, 2007.


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