Michael Anderson dirigió una magnífica versión de 1984 protagonizada por Edmond O’Brien, la novela anticipadora de Orwell, ahora disponible en DVD.
La deformación de la historia, la represión y el control de la sexualidad o la vigilancia por parte del Estado son algunos de los temas que George Orwell abordó en 1984 y que Michael Anderson llevó al cine. Por David Felipe Arranz 1984 (1949) es la última entrega de una trilogía formada por Homenaje a Cataluña (1938) y Rebelión en la granja (1945) sobre la utopía comunista, la imposibilidad del desarrollo óptimo de los postulados de Marx a la luz del espíritu corruptible de los hombres.
En gran medida, éstas son novelas nacidas de la experiencia de Orwell en la Guerra Civil española, y en ellas Orwell, que no fue un portavoz oficial de la izquierda ni obedecía a ninguna estrategia comunista, opinó con entera libertad a diferencia de otros escritores que lucharon junto a las Brigadas Internacionales. Esta libertad se nota en la novela y, en parte, ha llegado hasta la magnífica versión del cineasta Michael Anderson, afortunadamente recuperada en DVD por el prestigioso sello de fantástico L’Atelier 13.  Carátula de 1984 Algunos llevábamos años buscando este filme británico protagonizado nada menos que por Edmond O’Brien, Michael Redgrave y Donald Pleasence, de atmósfera opresiva y gran fidelidad al espíritu de la obra original. Como una rara gema, aparecía nombrada en los estudios sobre el fantástico como un ejemplo de correcta traslación literaria a la gran pantalla. Para que este traslado se lograra fue necesaria la intervención de dos guionistas, William Templeton y Ralph Bettinson, que trabajaron sobre el texto de Orwell con la intención de no perder la intención originaria: denunciar un oscuro e inminente futuro gracias a los totalitarismos del presente. Al bien trabado guión se le unieron los acordes de la música compuesta por Malcolm Arnold y la historia del futuro inmediato visionada por Orwell fue puesta en imágenes en las condiciones más favorables para convertirse en un clásico entre clásicos.Anderson consigue recrear en la pantalla una imagen del mundo dividida en tres zonas tras una devastadora guerra ocurrida en 1965: Oceanía, Eurasia y Estasia. Londres, provincia de la primera, desarrolla un sistema dictatorial y represor que se vale de un gobierno basado en la propaganda y la mentira bajo la figura omnipresente del Gran Hermano, un rostro y una voz que inundan las pantallas, las cartelerías y las televisiones de los hogares vigilándolo todo y a todos. El miembro del partido Winston Smith (Edmond O’Brien), enamorado de una compañera de la sección de novelas del Ministerio de la Verdad (Jan Sterling), quiere unirse a la resistencia y para ello acude a un oficial del Ministerio (Michael Anderson) que ha creado en él un clima de confianza: sin embargo, bajo su aspecto colaboracionista, el funcionario del Gobierno oculta a un poderoso enemigo de las libertades que se sirve de la apariencia para infiltrarse entre los opositores y atraerlos. A partir de que Winston es capturado, la tortura psicológica marcará cada día de su existencia hasta que se produzca su conversión. En el tiempo del 1984 previsto por Orwell, escribir un diario conlleva la pena de muerte, la Lotería se convierte en el pasatiempo nacional con el que el Gobierno distrae las adocenadas mentes de los ciudadanos, el Ministerio del Amor vigila que los impulsos sexuales sólo sean de interés para el partido, el Gobierno convoca cada día los Dos Minutos de Odio contra Eurasia y las zonas proletarias de las ciudades están vetadas a la gente. Winston se dedica a reescribir la historia en el Ministerio de la Verdad, a tergiversar los hechos para favorecer una visión de los acontecimientos que vista de triunfalismo y de relieve al partido del Gran Hermano: cuando decide apartarse del sucio camino ministerial, es identificado como una tara en el tejido y sometido a un lavado de cerebro, porque, como le dice el personaje de Redgrave: “No destruimos al hereje: lo transformamos”. “War is peace”, “Freedom is slavery” rezan las consignas escritas por doquier en letreros y carteles. Winston no puede resistir la opresión, encerrado durante meses en las salas de conversión, auténticos habitáculos de tortura, y finalmente es “purificado”. A esta película le acompaña una magnífica adaptación televisiva realizada en 1954 por Nigel Kneale, que realiza una magnífica adaptación protagonizada nada menos que por un joven Peter Cushing y que nada tiene que envidiar a la de Anderson: ambas son complementarias y han de verse junto a la lectura de la novela original. Sobre todo, por higiene mental. - 1984 (1956), de Michael Anderson. Edición en DVD por L’Altelier 13. Contiene además la versión televisiva realizada en 1954.
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