En Veneras, 4 (Madrid), El labriego acoge a todo aquél que busque pasar un rato agradable en grata compañía en torno a una buena mesa
Por David Felipe Arranz Es difícil encontrar, en medio de las prisas y el corazón de la jungla de asfalto, entre ráfaga y ráfaga de un tiempo loco de prisas y avideces, un lugar como El labriego, restaurante con carácter y una excelente cocina, regentado por Orlando Rodeiro. En el trayecto que une la bulliciosa y soleada plaza de Santo Domingo con la recoleta y empedrada plaza de las Descalzas, en la calle Veneras, el urbanita puede que se decida a hacer parada en El labriego, donde a buen seguro volverá con asiduidad. Un restaurante –lo saben los buenos gourmets– es más que un local al que las gentes acuden a comer: es un lugar de encuentro, un entremés en la tragicomedia de la vida, la pieza más esperada de una jornada, el alto en la feroz contienda de la cotidianidad. Un buen restaurante sirve, en realidad, bajo el nutritivo pretexto de un gratificante almuerzo o de una cautivadora cena, para reducir al mínimo el estrago del jornal. En él deben concitarse factores de calidad, familiaridad y cercanía, para que ese intermedio constituya un auténtico acontecimiento y la comida se convierta en conversación, el acto de la ingesta en palabra y tertulia.  Restaurante El Labriego, regentado por Orlando Rodeiro El labriego favorece esta transformación con un clima apropiado, con un servicio inmejorable y con una carta donde ninguno de los platos le va a la zaga al cuidado que Orlando y su equipo –Margarita, Nacho y Eugenio– ponen en todo lo que hacen. En la cocina, batallando con las sartenes y los cazos, artesanos del fogón, se encuentran siempre sabios cocineros, de cuyas manos salen hacia el salón el pollo picantón, el arroz con bogavante, el bacalao, la paella, la parrillada de mariscos o el pulpo a la piedra, siempre en su punto, acompañados de un buen vino, que la bodega de El labriego siempre tiene presto a rescatar de los frescores de la crianza.Preocupación humilde pero importante es reponer fuerzas y descansar la mente, sometida a continuas tensiones en un entorno laboral cada vez más competitivo en estos tiempos a veces tan atroces. El labriego huele a figón y a amistad y sabe a la mejor gastronomía. Acuden a sus mesas con asiduidad, porque buscan ese valor de la rara conjunción de las buenas viandas y la exquisita compañía gentes de la cultura, las artes y el periodismo como Juanjo Puigcorbé, Alaska, María Jesús, Antonio López Campillo, Julián Lago, Jesús Egido, Ricardo Martín, Isabelo Herreros, Obdulio Martín Bernal, Manuel Rodríguez, J. Ignacio Díez, Juan Victorio, Luis Martínez de Mingo, Raúl Guerra Garrido… y un largo etcétera etc. Entonces El labriego cobra su significado completo, igual que un buen libro al que le asiste un lector cómplice. - Restaurante El labriego, c/ Veneras, 4, Madrid, Tel.: 91 5592407. Añadir como favorito (0) | Cite este artículo en su sitio | Vistas: 595 | Imprimir | E-Mail
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