La muestra nos acerca a la maestría del artista español en dos campos definidos: el dibujo y el grabado
La Sala Municipal de Exposiciones del Teatro Calderón de Valladolid acoge desde el día 3 de septiembre y hasta el 28 del mismo mes, la exposición “LA MAGIA DE MIRÓ” en la que podremos disfrutar de sesenta obras que nos sumergen en el mundo más poético y colorista de Miró, un mundo donde dejamos de ser simples espectadores para pasar a formar parte de ese universo onírico que el pintor supo plasmar como ningún otro artista. Es también, un acercamiento a la obra gráfica, dibujo y grabado de este gran artista español. Al igual que en sus lienzos, Miró expresó libremente sus ideas donde convergen dulzura y violencia, la claridad con la oscuridad, la alegría y lo insólito. Su gran calidad como grabador queda patente con la obtención en 1954 del Gran Premio de Grabado de la Bienal de Venecia. En esta ocasión podremos disfrutar de las obras que nos acercan a su mundo más íntimo y colorista, donde la noche, la música y las estrellas ocupan un papel principal.  Joan Miró Según André Bretón, a Miró "el surrealismo le debe la más bella pluma de su sombrero". En esta muestra lo podemos comprobar gracias a los 35 dibujos y 28 grabados. Esta muestra corresponde a las tres últimas décadas del maestro. Las obras fueron realizadas entre finales de la década de 1950 y 1977. Tinta sobre papel japonés, ceras sobre papel de lija, tinta china en láminas de corcho, litografías y dibujos a lápiz son algunos de los materiales y técnicas empleados en las piezas de la exposición. Las obras de esta muestra, pertenecientes a la colección del español Alfredo Melgar, conde de Villamonte, quien conoció y fue amigo del artista, además de fotógrafo suyo.En “LA MAGIA DE MIRÓ” los motivos presentes en las litografías y los volcados sobre papeles con cera, lápiz o tinta china son los mismos a los que Miró volvió una y otra vez a lo largo de su carrera: la tierra, el sol, la luna, una mujer, “personajes”. El cambio de técnica no hace otra cosa que dar más muestras de la potencia expresiva del artista. Miró vivía para trabajar, pero no consideraba la pintura como un fin en sí mismo. Trabajaba en completo silencio, pero su obra expresaba todo un mundo. Miró empezó pintando en la casa de campo donde debió pasar parte de su juventud para recuperarse de una enfermedad, pero creó a partir de esa experiencia terrenal un universo onírico conmovedor. Como pintor y dibujante, experimentó con las superficies sobre las que trabajaba. Aprendió a trabajar sus inquietudes durante la época en que estudió con Francisco Galì, quien lo hacía dibujar objetos sin mirarlos, captándolos con los otros sentidos. En la exposición se puede ver una buena selección de ejemplos. En los paisajes de ensueño se reconoce la influencia que ejercieron los dadaístas y luego sus amigos surrealistas: André Breton, Paul Eluard y compañía, que lo recibieron con algarabía, pero a los que, en el fondo y pese al cariño que los unía, no terminó de pertenecer nunca, ya que su obra los trascendía. Sí se impulsó en el surrealismo y su proyecto para andar el camino de búsqueda pictórica que lo movilizaba. Su paso por esa vanguardia artística de comienzos del siglo XX no queda soslayado en la exposición. Aún sin el extenso poema que uno de los poetas surrealistas le dedicó a Miró dando la bienvenida al visitante, las ideas que le abrieron tantas puertas están implícitas en sus obras. En la serie de vandengeuse’s presentes en la muestra, se aprecia también la influencia cubista que con tanta sencillez y naturalidad Miró consiguió incorporar a su obra. Miró fue un artista sin miedo al vacío, porque sabía que éste es sólo otro espacio a recorrer. En la exposición hay tres muestras de austeridad muy interesantes, tres imágenes hechas con tinta china aguada sobre papel chino (un material que fascinó a Miró durante un corto período). En cada hoja hay una suerte de nube, y cada una de ellas está cortada por dos trazos pequeños y precisos. Si la “nube” es una nube, o una galaxia, o cualquier otra cosa, es materia de discusión. Una de las lecciones a extraer de las incursiones por el inconsciente que los surrealistas inspiraron en Miró es que el intérprete de la obra pone en ella mucho de lo que lleva dentro además de lo que el artista alberga. Miró también se lucía con el uso de los colores básicos, siempre efectivos y potentes. En este sentido, la exposición es una clase de primera mano sobre distribución de colores, formas y expresividad. Con dos trazos, una figura suya transmite todo. Otras dos instancias completan la muestra: por un lado las visitas guiadas y los talleres de experimentación para toda la familia, ideales para el verano. A pesar de su apariencia, estos dibujos nos acercan a un mundo que tenemos olvidado. Miró representa lo que ya no vemos, lo que no escuchamos, lejos de inventar nos acerca a realidades invisibles de un mundo que sólo él es capaz de representar como creador. El cosmos, la música, objetos dotados de vida, de lirismo son sus temas principales que plasma con gran maestría a través de líneas puras, armoniosas que evocan la gloria poética del espíritu. Fue tal vez su capacidad para penetrar en el secreto de la naturaleza lo que le permitió crear esos poemas épicos del cosmos. Añadir como favorito (0) | Cite este artículo en su sitio | Vistas: 338 | Imprimir | E-Mail
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