Entre sus compañeros en la Kunstakademie se cuentan Thomas Ruff, Andreas Gursky, Candida Höfer, entre otros muchos que conseguirían crear un movimiento artístico que, sin ser un autentico grupo estético, han definido las líneas generales de la llamada nueva fotografía alemana.
Pero en su formación plástica tiene tanta importancia la época de estudios como la influencia de los paisajes diferentes que conoce a través de sus continuos viajes por todo el mundo. Las becas de estudios que consigue en Venecia y Londres marcan el comienzo de una afición viajera que está en el centro de todo su trabajo.
Desde sus primeras series de paisajes (Landschaft) de Portugal, Grecia, Italia, Francia, España, Suiza y Alemania, Hütte traza las bases de una diferencia estética esencial. La elección de un género poco habitual en el arte actual, como es el paisaje, y una estética abiertamente pictorialista definirá un trabajo que se convierte en una marca estética. Atrás quedaban sus retratos en blanco y negro o sus opresivas arquitecturas de Londres, todavía en blanco y negro. A partir de ese momento la naturaleza, el paisaje como un concepto estético y espiritual, define una obra que comparte la idea de belleza y de viaje.

Una de las últimas obras de Axel Hütte
Resulta inevitable utilizar el concepto "sublime" en la acepción que Rilke le da, para hablar de sus fotografías de paisajes. No importa si se trata de sus primeras series de paisajes italianos o de las últimas de nocturnos en ciudades, pues si el tratamiento varía según el tema, el método sigue siendo esa especial forma de acotar la belleza, dándonos la sensación de que la imagen que vemos no tiene límites. Su especial forma de situar la línea del horizonte y la fragilidad de los límites físicos son otros aspectos característicos de sus obras.
Aunque prácticamente toda su obra esta basada en la naturaleza en el estado más natural y libre posible, ninguno de los paisajes que Hütte fotografía puede ser considerado como natural, a pesar de que puedan parecerlo. Se trata de paisajes conformados en un proceso cultural; todos ellos están manipulados de acuerdo con la percepción de diferentes perspectivas, todas ellas impensables en otras coordenadas históricas, tanto en su aspecto real como en su aspecto simbólico.
Es cierto que la presencia humana es inexistente en sus fotografías, pero esto es así solamente en una primera visión, la presencia humana está en las huellas casi invisibles que el artista deja a su paso. Pero especialmente esta huella cultural está presente en la forma en que Hütte mira, en la perspectiva, en la elección de una zona, en el fragmento de realidad que cada fotografía ejemplifica y aísla como un mundo independiente.
Esta presencia humana, que en sus orígenes estaba en los retratos y que paulatinamente se va deshaciendo en arquitecturas y en paisajes urbanos, hasta aparentemente desaparecer por completo en sus paisajes, retorna en sus últimas series de retratos reflejados en el agua, transparencias que unen el paisaje y el retrato, la naturaleza y al individuo. Y, finalmente, se regresa al paisaje urbano a través de sus Nocturnos. Reflejos de las luces de la ciudad, de la humanidad en su grado masivo. Grandes ciudades dormidas en las que las luces de los edificios, de las calles, iluminan eternamente la presencia del hombre, su huella, nunca su presencia real.
El hecho de que Hütte se desplace kilómetros hasta centrar cada imagen, y la realidad cambiante de esas naturalezas que vemos a través de su mirada, hacen que el tiempo, no sólo como atmósfera sino como transcurso y movimiento, sea esencial en el entendimiento de un trabajo en el que, detrás de una apariencia formal donde la belleza ocupa un excesivo protagonismo, pervive el espíritu del romanticismo y la pujanza conceptual de todo el arte contemporáneo que se desarrolla en torno al viaje y a la naturaleza y del que Hütte es un claro y exquisito representante.Solo los usuarios registrados pueden agregar sus comentarios.
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