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may 07 2007
El juicio de Dios de Heinrich von Kleist: una historia sorprendente PDF Imprimir E-Mail
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Escrito por David Felipe Arranz   
lunes, 07 de mayo de 2007

David Felipe ArranzDavid Felipe Arranz es filólogo y periodista. Ha trabajado en medios radiofónicos como Radio España, Radio Círculo y en la actualidad colabora en la prensa cultural e imparte clases en el Máster de Gestión Cultural de la Universidad Carlos III de Madrid. Participa de forma habitual en congresos y jornadas sobre lengua española, literatura y cine. Es coautor de El Quijote en el cine (Madrid, Jaguar, 2005) y El universo de Alfred Hitchcock (Madrid, Notorius, 2006).

El juicio de Dios del romántico Heinrich von Kleist, un apasionante relato jurídico y policial ambientado en el Medievo

La editorial Rey Lear con un gran acierto acaba de publicar en su atractiva e imprescindible serie de los “Breviarios” uno de los cuentos del escritor Heinrich Von Kleist, artífice de la depuración romántica post goethiana a través de los géneros del teatro y de los cuentos. El autor de Anfitrión llegó a levantar incluso las suspicacias de Goethe, que llegó a calificar con insólita soberbia de “teatro de lo invisible” El cántaro roto que Kleist le había presentado con humildad. Ni siquiera Kleist consiguió la aprobación de aquellos que consideraba sus maestros: el espíritu del desengaño que se extendió en Prusia con las guerras napoleónicas hizo mella en él, que había consagrado su existencia a una perpetua lucha por dar sentido a la vida a través de la literatura.

El juicio de Dios de Heinrich Von Kleist
Portada del Libro
Von Kleist pertenece junto a Hoffmann, Hölderlin y Richter a la segunda generación de escritores románticos que fue eclipsada por el primer grupo del movimiento “Sturm und drang”, con Schiller y Goethe como sus mayores representantes. Toda la vida de Von Kleist, una vida breve -vivió treinta y cuatro años hasta la fecha de su suicidio-, transcurrió en continuo movimiento. Y esa inquietud aparece también reflejada en este relato, en que la acción y el constante ir y venir de una investigación prima sobre todos los demás elementos. En El juicio de Dios se aprecia la preocupación del escritor por la tradición alemana del cuento y la recuperación de la Edad Media, pero sobre todo en su obsesión por la estructura jurídica y en sus indagaciones en la esencia de la Justicia a través de la ficción. Sin ir más lejos, El cántaro roto plantea el problema de un juez injusto a cuyas execrables acciones logra superar finalmente la verdad y el pasaje de El juicio de Dios en que la bella Littegarde es aborrecida por sus hermanos está íntimamente emparentado con aquel otro en que la protagonista de La Marquesa de O ha de demostrar su inocencia ante sus padres. El Príncipe de Homburgo también es la historia de un largo proceso, así como la de su mejor obra, Michael Kohlhaas, que plantea un más que interesante antecedente de El castillo y El Proceso, de Franz Kafka, y a la que Doctorow se acercó con devoción en Ragtime.


Un duque alemán casa en el siglo XIV con una condesa y es asesinado al poco tiempo de un flechazo disparado a traición. Las sospechas recaen sobre su hermanastro, el Conde Jakob, “el Barbarroja”. Su viuda se encarga de seguir la pista de la flecha y encomienda la investigación a su canciller, quien localiza al artesano que la fabricó y su origen: formaba parte de una partida que se destinó a la armería de Jakob. Sin embargo, el envidioso hermanastro complica en el proceso a la noble Littegarde, de la que algún tiempo anduvo enamorado y de quien sólo obtuvo su rechazo. Von Kleist vierte sus anhelos idealistas en el héroe romántico del relato, el tesorero Friedrich, adalid de Littegarde, que se encarga de batirse en duelo contra Jakob para demostrar la inocencia de la joven a través del conocido recurso del juicio divino: de demostrarse la inocencia, el acusado saldría vivo del lance..

El de El juicio de Dios posee el mismo planteamiento de la modélica novela de aventuras Flecha negra, de Robert Louis Stevenson, ambientada en la Guerra de las Dos Rosas, en que un noble de la casa de York es asesinado por su propio hermano y su hijo emprende una investigación. Aparece como personaje destacado de un modo benevolente el duque de Gloucester, el contrahecho y mezquino rey que Shakespeare retrató de forma admirable en Ricardo III. Si en el escritor escocés las pesquisas dan pie al desarrollo de un periplo apasionante y el culpable, sir Daniel Brackley, atravesado por una flecha negra, en Von Kleist la preocupación por el esclarecimiento de la verdad hace que los personajes establezcan una dialéctica trágica; en palabras del escritor, “la caída desde las alturas de una alegre felicidad sin apenas sombras”, quizá la del propio Von Kleist.

La prosa, limpia y realista -se nos describe, por ejemplo, con suma exactitud una flecha del siglo XV y algunos aspectos de la vida social de aquella época-, se aparta del retorcimiento doliente de Goethe, sin abusar demasiado de la hipérbole. No en vano, Hoffmann adoraba la literatura de su amigo, a la que no dudó en calificar de “esencia del Romanticismo”. No dejen de leer este relato, contado en el marco de la mejor tradición cuentística germánica y escrito con la precisión de un proceso jurídico y la pasión del otro movimiento romántico, en el que como Von Kleist militaron aquellos que prefirieron ir directamente a la esencia y hacer menos strum und drang; en definitiva, menos ruido.

Heinrich Von Kleist, El juicio de Dios, traducción de Úrsula Toberer, Madrid, Rey Lear, 2007.


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