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David Felipe Arranz es filólogo y periodista. Ha trabajado en medios radiofónicos como Radio España, Radio Círculo y en la actualidad colabora en la prensa cultural e imparte clases en el Máster de Gestión Cultural de la Universidad Carlos III de Madrid. Participa de forma habitual en congresos y jornadas sobre lengua española, literatura y cine. Es coautor de El Quijote en el cine (Madrid, Jaguar, 2005) y El universo de Alfred Hitchcock (Madrid, Notorius, 2006).
Jabberwock, una guía imprescindible para acercarse al género fantástico y de ciencia-ficción en España En Alicia a través del espejo (1871) de Lewis Carroll, el personaje ovoide subido al muro, Humpty Dumpty, menciona el Jabberwock, un disparatado monstruo de improbable existencia que sirve de pretexto al huevo gesticulero para realizar un canto a la libertad de expresión a través de las palabras en su más redonda extensión del término. La capacidad de crear seres y mundos a través del discurso, puesta de manifiesto en boca de Humpty Dumpty, resume muy bien el alcance y las intenciones de este formidable “monstruo” teórico de Bibliópoplis. Siempre he considerado que la preferencia por lo fantástico esconde tras de sí otra preferencia mucho más cotidiana: la de la libertad. Y si se fijan un poco, los autores y lectores del género fantástico y de ciencia-ficción pertenecen a ese ámbito en el que la literatura ensancha sus fronteras ad infinitum. Estoy leyendo una antología de la antigua editorial Bruguera titulada Lo mejor de la ciencia-ficción rusa, recopilada por Jacques Bergier a mediados de la década de los años 60, y tal como antes he dicho, los relatos en ella reunidos abundan en ese rasgo libertario, casi diríamos que determinante, de la literatura incómoda, crítica, contestataria... y deliberadamente llamada marginal o marginada por el sistema de supuestos valores literarios impuestos desde la literatura oficialista: la de los grandes grupos editoriales que, sí, de vez en cuando desempolvan algún Wells, pero que mira con recelo todo lo que huela a turbina de nave espacial.
 Portada Jabberwock 1 Volviendo al encuentro del tomito de Bruguera -ah, qué maravillosa aquella colección de ciencia-ficción-, desde que Ilja Eremburg publicó El trust D.E. en los años veinte, en el que pronosticaba que Estados Unidos conquistaría Europa con las armas del capitalismo, los caminos del género soviético han conocido una Edad de Oro saqueada por algunos de los más reputados escritores del momento, como Michael Crichton. Los huevos malditos de G. Bulgakov se anticipa nada menos que setenta años a la trilogía de Parque Jurásico. De hecho, una de las mejores pruebas de que la ciencia-ficción posee el pedigrí de la gran literatura, de la canónica, es que también conlleva recapitulación de tradiciones y evolución de subgéneros; de que evoluciona como un sistema. La nómina de primeros espadas del pensamiento sobre lo fantástico que colaboran en este primer volumen de Jabberwock constituyen una razón más que convincente para abrir este volumen de bolsillo en el que cabe un universo de universos: José María Merino, que habla de la ruptura de las tranquilas aguas del orden canónico y de la benéfica impregnación de lo fantástico; Pilar Pedraza, que canta la vigencia de lo fantástico en nuestro mundo, dice ella, siniestro; Thomas M. Disch y la apuesta por la ciencia-ficción de género... femenino; Jonathan Lethem, que pronostica el advenimiento de las ficciones perturbadoras; la fina disección que hace John Kessel de El juego de Ender; Nicholas Ruddick y el comentario de los relatos de Keith Roberts; la tercera vía por la que aboga Santiago L. Moreno, la ciencia-ficción clásica de calidad; las minihistoriografías de género Pollux Hernúñez y de José Carlos Somoza; etc. Como dice Rodolfo Martínez en este pequeño gran Aleph, la capacidad de la literatura fantástica y de ciencia-ficción de provocar asombro y reflejar a través de la revisión crítica y distópica el mundo resulta ser a la postre de una manera más fiel que si se tratase de una descripción ajustada y supuestamente neutra. La segunda parte del libro la constituye una selección de críticas de un gran equipo de especialistas que comentan las obras más destacadas del ámbito aparecidas en España en los últimos años, en su mayoría escritas con pluma foránea salvando las de Félix J. Palma, Eduardo Vaquerizo y Albert Sánchez Piñol. Que dos temerarios del hiperespacio como Arturo Villarrubia y Luis G. Prado unan sus armas y se aventuren en la romántica empresa de divulgar el género fantástico a través de un libro de estas características se me antoja de unas dimensiones épicas y los veo como a los viejos vaqueros del western, en Dos cabalgan juntos o Dos hombres contra el Oeste, riéndose a mandíbula batiente del sistema, a veces tan inamovible. Ellos resquebrajan la losa, la costra de las valoraciones pétreas con iniciativas tan magníficas como ésta. Les avanzo en exclusiva que el segundo volumen de Jabberwock, de inminente aparición, incluye un ensayo excepcional de Margaret Atwood sobre La isla del doctor Moreau de H.G. Wells. Estén atentos y no olviden mirar al firmamento de Bibliópolis siempre que puedan: keep watching the skies, que diría Villarrubia. Arturo Villarrubia (dir.), Jabberwock 1, Madrid, Bibliópolis, 2005. Añadir como favorito (0) | Cite este artículo en su sitio | Vistas: 2187 | Imprimir | E-Mail
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