Fue una de las mentes más brillantes, ensayista y novelista aquí reflexiona sobre la mujer, su imagen, la fotografía, para no olvidarla
Ningún país otorgó el derecho al voto a las mujeres antes que a los hombres. Nadie pensó nunca en los hombres como el segundo sexo.La tradicional unidad de un libro de fotografías de mujeres es una suerte de ideal de la esencia femenina: mujeres que lucen alegremente sus encantos sexuales...
La fotografía está al servicio de un 'ethos' poscrítico que está ganando influencia en las sociedades cuyas normas se extraen de las prácticas del consumismo. Imagínese un libro de imágenes de mujeres en el que ninguna pudiera ser considerada hermosa. ¿No parecería que el fotógrafo ha cometido una suerte de error? Las modalidades más novedosas de fotografiar a las mujeres disimulan menos su sexualidad. La lascivia de las mujeres siempre se ha reprimido o se les ha echado en cara.Que el compromiso sea la composición de un libro de fotografías de gente que nada tiene en común salvo su condición de mujeres (y que viven en Estados Unidos a finales del siglo XX), completamente vestidas todas -bueno, casi todas-, por lo que no se trata de la otra clase de libro sólo ilustrado con mujeres...
Que al principio sólo rija la noción del interés propio del tema, sobre todo en vista de los cambios sin precedentes en la conciencia de muchas mujeres en los últimos decenios, y la determinación a permanecer receptiva al capricho y la oportunidad...Que la prueba, la exploración, la revisión, la selección, la ordenación, no pretendan haber llevado a la página una miscelánea representativa...
 Susan Sontag A pesar de ello, una gran cantidad de imágenes de un tema único, nominal, será inevitablemente considerada en algún sentido representativa. Tanto más con este tema, con este libro, una antología de destinos y problemas y nuevas posibilidades; un libro que incita las reacciones benévolas exhibidas ante la representación de una minoría (pues eso son las mujeres, según todo criterio salvo el numérico), y que presenta muchos retratos de aquellas que hacen honor a su sexo. Semejante libro ha de considerarse instructivo, incluso si nos dice lo que ya creemos saber sobre la superación de los perennes impedimentos y prejuicios y desventajas culturales, sobre la conquista de nuevas zonas de realización. Por supuesto, semejante libro sería falaz si no presentara asimismo las malas noticias: la autoridad continuada de los estereotipos degradantes, la violencia continuada (la agresión doméstica es la causa principal de las lesiones femeninas en Estados Unidos). Toda descripción a gran escala de las mujeres está inscrita en la continua historia del modo como se las presenta, y del modo como se las induce a pensar en sí mismas. Un libro de fotografías de mujeres debe, sea o no su pretensión, suscitar la cuestión de las mujeres -no existe una equivalente "cuestión de los hombres"-. Los hombres, a diferencia de las mujeres, no son una obra en cierne.
Cada una de estas fotografías debe ser autónoma. Pero el conjunto dice: "Así son las mujeres en la actualidad" -tan diferentes, diversas, heroicas, desamparadas, convencionales, no convencionales como éstas-. Nadie que examine el libro dejará de advertir la confirmación de los estereotipos definitorios de las mujeres y el desafío a esos mismos estereotipos. Sean reconocidas o desconocidas, cada una de las casi ciento setenta mujeres de este álbum será vista (sobre todo por otras mujeres) como un modelo: modelos de belleza, modelos de amor propio, modelos de fortaleza, modelos de transgresión, modelos de sacrificio, modelos de falsa conciencia, modelos de feliz envejecimiento. Ningún libro de fotografías de hombres sería interrogado de la misma manera.
Pero, por otra parte, un libro de fotografías de hombres no sería emprendido con el mismo ánimo. ¿Cómo podría haber interés alguno en reivindicar que un hombre puede ser un agente de Bolsa o un granjero o un astronauta o un minero? Un libro de fotografías de hombres con ocupaciones diversas, sólo hombres (sin epígrafe adicional alguno), probablemente sería un libro sobre su belleza, hombres como objeto de la imaginación lujuriosa de las mujeres y de otros hombres. No obstante, cuando se ve a los hombres como objetos sexuales, ésa no es su identidad fundamental. Las tradiciones que tienen a los hombres, al menos en potencia, por creadores y comisarios de su propio destino, y a las mujeres, por objeto de las emociones y fantasías masculinas (lujuria, ternura, miedo, condescendencia, escarnio, dependencia), que tienen a un hombre individual por ejemplo de la humanidad y a una mujer individual por ejemplo de las mujeres, aún permanecen casi intactas, arraigadas profundamente en la lengua, la narrativa, el orden entre los grupos y las costumbres familiares. En ningún idioma el pronombre "ella" se extiende a los seres humanos de ambos sexos. Se les da un peso distinto, física y culturalmente, a las mujeres y los hombres, con diferentes contornos de identidad, presuntamente favorecedores para los nacidos varones. Por Susan Sontag Foto de portada: Las hermanas tenistas Serena y Venus Williams Continuará..... Añadir como favorito (0) | Cite este artículo en su sitio | Vistas: 1456 | Imprimir | E-Mail
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