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La tabernera del puerto’ en el Teatro de la Zarzuela

Escrito por José Belló Aliaga el . Publicado en Teatro

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La tabernera del puerto-8`La tabernera del puerto’ de Pablo Sorozábal, cumbre indiscutible del género, regresa al Teatro de la Zarzuela con la emotiva mirada escénica de Mario Gas.

Por José Belló Aliaga

Se ha presentado en rueda de prensa en el ambigú del Teatro de la Zarzuela la 'La tabernera del puerto', obra maestra de Pablo Sorozábal y una de las joyas imprescindibles del repertorio. El acto estuvo presentado por Daniel Bianco, director del Teatro, y en él participaron e director musical Josep Caballé-Domenech, el director de escena Mario Gas, el escenógrafo Ezio Frigerio así como el doble elenco que participa en esta historia de aventuras, amores marineros y contrabando que transcurre a bordo de una música absolutamente genial.

“LA TABERNERA DEL PUERTO”
Que ‘La tabernera del puerto’ de Pablo Sorozábal es una obra maestra hay pocos que lo cuestionen. Algunos la consideran, sin duda con razón, algo así como la Traviata de la zarzuela, mientras otros la estiman como la última gran zarzuela de la historia. Fue estrenada en el Teatro Tívoli de Barcelona en mayo de 1936 –pese al éxito indiscutible, con no pocos problemas para el compositor debido a los tiempos convulsos que dos meses después derivarían en la Guerra Civil–, y en Madrid en marzo de 1940 – una vez terminada la contienda– en el Teatro de la Zarzuela. Ahora, 78 años después de aquella premier madrileña, regresa a este mismo escenario con un montaje emotivo, en ocasiones poético y, ante todo, profundamente teatral y documentado del director de escena Mario Gas.

MARIO GAS
Mario Gas tiene profundas razones para que su trabajo venga repleto de una muy especial carga de emotividad y de conocimiento. Sus vínculos familiares le convierten en agudo conocedor de la obra de Sorozábal. No en vano, en el reparto que participó en el estreno de ‘La tabernera del puerto’ en el Teatro de la Zarzuela el 23 de marzo de 1940, su padre, el bajo Manuel Gas, que a lo largo de los años llegó a tener una estrecha relación con el compositor, cantaba el papel de Simpson con el que a partir de aquella presentación alcanzaría grandes y continuados éxitos.

ESCENOGRAFÍA Y VESTUARIO
Otro de los platos fuertes de la propuesta del Teatro de la Zarzuela es la escenografía y el vestuario, que firman respectivamente el genial Ezio Frigerio y la oscarizada (‘Cyrano de Bergerac’, 1991) Franca Squarciapino, ambos historia viva de una de las más brillantes generaciones teatrales de todos los tiempos, con el actor y director de escena Giorgio Strehler y el actor, dramaturgo y director Eduardo De Filippo como sus cabezas y referencias más visibles.
El conjunto de ambas artes, la escenográfica y la del vestuario, llega a ser por momentos ensoñadora, gracias, en parte, a las prodigiosas proyecciones de Álvaro Luna.

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En la imagen de izquierda a derecha, Ezio Frigerio; Mario Gas; Daniel Bianco; Josep Caballé-Domenech y Marina Monzó.

DOS DIRECTORES MUSICALES
La programación de ‘La tabernera del puerto’ es siempre un acontecimiento, pero el interés sube enteros si el equipo artístico que la pone en pie tiene la altura que la obra exige, como es el caso. A la magia teatral de Mario Gas, Ezio Frigerio y Franca Squarciapino, se suma en esta propuesta la del talento de dos directores musicales únicos en el fondo y la forma, en la manera minuciosa de trabajar con cantantes y orquesta, en la capacidad para encontrar la chispa exacta de cada partitura y darle vida: Josep Caballé-Domenech y el propio director musical del Teatro, Óliver Díaz. Ambos estarán al frente de la Orquesta de la Comunidad de Madrid (Titular del Teatro) y del Coro Titular del Teatro de la Zarzuela, así como de un doble reparto que supera con creces los muy especiales atributos vocales que reclama la composición del maestro Sorozábal.
La de ‘La tabernera del puerto’, según el maestro Caballé-Domenech, es una partitura “evocadora, de atmósfera impresionista y repleta de aires portuarios, de ultramar, de mestizaje y de fusiones modernas».

A LA ALTURA DE LAS CIRCUNSTANCIAS
Eso es lo que deben transmitir músicos y cantantes. Y para ello, para que el espíritu legítimo de la obra llegue a la sala, y desde allí vuelen hasta el escenario como genuina respuesta las muestras de satisfacción y el regocijo del público, es necesario contar sobre las tablas con un reparto a la altura de las circunstancias, que en este caso es mucha.

ELENCOS
No hay peligro. En esta ocasión la garantía de solvencia está servida por cualquiera de los flancos desde el que se mire: formarán los elencos las sopranos Sabina Puértolas y Marina Monzó en el papel de Marola (la joven tabernera que provoca amores y envidias), los barítonos Ángel Ódena y Javier Franco en el de Juan de Eguía (el dueño de la taberna que mantiene una extraña relación con Marola, que todos creen su esposa), los tenores Antonio Gandía y Alejandro del Cerro, que encarnan a Leandro (el joven marinero que se desvive de amor por Marola), los bajos Rubén Amoretti y David Sánchez como Simpson (curtido lobo de mar inglés, borracho y único depositario del oscuro pasado de Juan de Eguía con quien comparte un turbio interés), la soprano Ruth González haciendo las veces de Abel (joven músico callejero que bebe los vientos por Marola, cantando a los siete mares su belleza y sus gracias), la actriz-cantante Vicky Peña dando vida a Antigua (sardinera desposada con el marino Chinchorro, como este muy dada a consolarse con la botella y celosa de sus continuas visitas a la taberna), el actor-cantante Pep Molina como Chinchorro (marinero, muy dado a la bebida, patrón del barco en el que tripula el joven Leandro), el tenor-actor Ángel Ruiz, cuyo personaje es Ripalda (dueño del Café del Vapor, competencia de la taberna de Juan Eguía y lugar que acoge alguno de los momentos reveladores de la trama), el bajo Abel García, que interpreta a Verdier (extraño marinero marsellés, antiguo conocido de Juan de Eguía, con quien tiene un oscuro negocio entre manos), el actor Carlos Martos y el actor-cantante Didier Otaola, que representan respectivamente a los marineros Fulgen y Senén. Junto a ellos alternarán la escena 8 actores.
Es necesario destacar también la pulcra iluminación de Vinicio Cheli y la naturalidad del movimiento escénico creado por Aixa Guerra.
“Este Romance marinero no es una obra realista ni lo pretende; se trata de un relato teatral teñido de un vapor de leyenda, o elemento poético, en el que se explica una historia de contrabando y de amor en un pueblo marinero”. Mario Gas quiere ser fiel a la obra y que los intérpretes ayuden a “contar la historia con todo el sentimiento y toda la verdad que permite el teatro”, porque aquí se combina la pasión teatral con la cultura popular.

FRIGERIO Y SQUARCIAPINO EN EL THYSSEN
Como ya ocurriera en la temporada pasada con la obra escénica de Frederic Amat, autor de la escenografía de ‘Iphigenia en Tracia’, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza acogerá desde el pasado 4 al 20 de mayo, en colaboración con el Teatro de la Zarzuela, la exposición ‘Ezio Frigerio y Franca Squarciapino. Una vida juntos sobre el escenario’. El acceso a la misma será gratuito.
La muestra girará en torno a la relación artística del genial matrimonio formado por uno de los grandes escenógrafos de la historia y una de las más reconocidas y singulares diseñadoras de vestuario para cine y teatro. La sala de exposiciones de la primera planta del museo reunirá algunas piezas, fotografías y material audiovisual de sus producciones teatrales, en las que suelen trabajar juntos, y coincidirá con las funciones de ‘La tabernera del puerto’ en el Teatro de la Zarzuela.
Varios elementos de escenografías realizadas por Frigerio, un conjunto de trajes diseñados por Squarciapino e imágenes fotográficas de sus producciones, se completarán en la sala con la proyección de un documental en el que el escenógrafo cuenta en primera persona su especial relación artística con el director de escena Giorgio Strehler, uno de los nombres más importantes de la escena mundial, que revolucionó la forma de hacer teatro y cuya influencia llegó tanto a sus contemporáneos como a las generaciones de directores que le siguieron.