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Obras invitadas de Museos de Madrid

Escrito por José Belló Aliaga el . Publicado en Pintura

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Thyssen Bornemisza-1_23El Museo Nacional Thyssen- Bornemisza presenta `Obras invitadas de Museos de Madrid´, hasta el 17 de febrero de 2019.

Por José Belló Aliaga

Se ha presentado en rueda de prensa la exposición `Obras invitadas de Museos de Madrid´, en el Museo Thyssen- Bornemisza que corrió a cargo de Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen; Mar Borobia, directora del proyecto y jefa del Área de Pintura Antigua; Paloma Alarcó, jefa del Área de Pintura Moderna, y sus respectivos equipos del Área de Conservación.

Tras una introducción en el hall central, se realizó un recorrido por las salas de la colección permanente.

Para concluir la conmemoración de su aniversario, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza ha invitado a nueve museos madrileños a participar en la celebración, con el préstamo de 28 obras seleccionadas de sus colecciones para exhibirlas en las salas de la colección permanente y establecer así un diálogo con algunas de las que habitualmente pueden verse en ellas.

Thyssen Bornemisza-10Afrodita. Asia Menor, 200-150 a.C. y Mujer en el baño, 1963. Roy Lichtenstein.

En estos cruces se confrontan épocas, técnicas y estilos que muestran distintas interpretaciones de un mismo tema, o se presentan objetos relacionados con las obras a las que acompañan de forma que se puedan contemplar las piezas desde una nueva perspectiva.

La selección incluye pinturas, esculturas, relieves, objetos y mobiliario, y van desde una pequeña terracota del siglo V a.C. a pinturas de Pablo Picasso o de Antonio Saura, pasando por la maqueta de un galeón del siglo XVII, una baraja de naipes del XIX o un azulejo nazarí, todo ello cedido para la ocasión por los museos del Prado, Reina Sofía, Arqueológico Nacional, Artes Decorativas, Naval, Lázaro Galdiano, Museo de América, de Antropología y del Romanticismo.

SALAS DE LOS PRIMITIVOS NEERLANDESES Y DEL QUATTROCENTO ITALIANO
El paseo comienza en las salas de los primitivos neerlandeses y del Quattrocento italiano, que acogen dos obras de la segunda mitad del siglo XV: un tríptico del Maestro de Ávila (h. 1467-1500), que representa varios episodios relacionados con el nacimiento de Jesús, y un relieve de Niccolò di Giovanni Fiorentino (h. 1480-1490), con la Virgen entronizada con el Niño. El primero, ejemplo de pintura hispanoflamenca, muestra evidentes paralelismos con las obras flamencas a las que acompaña en cuanto a estilo, tratamiento y detalles iconográficos, y el segundo dialoga con otra imagen de la Virgen y el Niño de Lorenzo Costa (h. 1495), una tabla con una composición muy similar de un periodo en el que estas escenas se hicieron muy populares.

SALA 5
Junto a grandes retratos del Renacimiento de Ghirlandaio, Holbein o Antonello da Messina, el Retrato de Dora Maar (1939) de Picasso, expuesto con ellos en la sala 5, muestra un mismo interés por captar y expresar la psicología del personaje. Al igual que sus predecesores, el artista la convierte en protagonista única de la pintura, con colores fuertes y contrastados y un lenguaje absolutamente cubista.

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Imagen: Guillermo Solana, director artístico del Museo Nacional Thyssen- Bornemisza, durante la presentación de Obras invitadas de Museos de Madrid.

SALAS 6 Y 16
En las salas 6 y 16, dos esculturas del periodo greco-romano se emparejan con lienzos del siglo XVII:  la representación del episodio mitológico del rapto de Europa se repite en una terracota griega (475 a. C.–425 a.C) y en la obra del francés Simon Vouet (h. 1640) del museo, y la talla en mármol del dios Pan (primera mitad del siglo I), asociado a pastores y rebaños, a la fertilidad y la sexualidad masculina, acompaña a la pintura de Sebastiano Ricci, Baco y Ariadna (h.1691-1694), que narra la celebración de sus esponsales.

El recorrido continúa con una serie de objetos de diversas épocas que se presentan junto a lienzos de la colección permanente en los que aparecen piezas similares: una baraja de naipes (h.1816), que fue propiedad del escritor romántico Mariano José de Larra; un espejo adornado con una cornucopia (h.1765), producido por la Real Fábrica de Cristales de La Granja; una pantalla de chimenea (h.1850- 1900), decorada con motivos florales de influencia filipina, y un espejo de vestir o psiqué, se presentan vinculados, respectivamente, con Los jugadores de cartas (h.1520) de Lucas van Leyden (sala 10), Las cosquillas (h.1755) de Pietro Longhi (sala 18), La toilette (1742) de François Boucher (sala 28) y El espejo psiqué (1876) de Berthe Morisot (sala 33).

SALA 19
En la sala 19, dedicada a la pintura flamenca del XVII, se exhibe Dama (1958) de Antonio Saura, una figura femenina compuesta con vigorosos trazos en blanco y negro, dialogando con Retrato de joven dama con rosario (1609-1610) de Rubens, cuya silueta también está perfilada en negro. En este mismo espacio se confrontan dos formas diferentes de representar la imagen del poder: una vasija antropomórfica peruana (100 a.C. – 700) perteneciente a la cultura moche y el Retrato de Giovanni Battista di Castaldo (h. 1550) de Antonio Moro.

Las salas de pintura holandesa del siglo XVII (20, 24 y 26) se enriquecen con varias piezas: una esfera armilar geocéntrica (s. XVII), utilizada para calcular las coordenadas celestes de los astros y que aparece, junto a un globo terráqueo y un atlas, en Rincón de una biblioteca (1711) de Jan Jansz. van der Heyden; la maqueta de un galeón del siglo XVII (1990), similar a los que Willem van de Velde II pinta en La flota holandesa en Goeree (h. 1672-1673), y la escultura Luna (1969) de Nacho Criado, que se asocia con Claro de luna con un camino bordeando un canal (h. 1645-1650), de Aert van der Neer.

Encontrado entre los restos de un naufragio en 1991, un jarrón de la dinastía Qing (h. 1690) de porcelana pintada a pincel y vidriada se expone en la sala 27 con Vaso chino con flores, conchas de insectos (1628), de Balthasar van der Ast, ya que este tipo de objetos de decoración, considerados como un producto de lujo entre la burguesía de los Países Bajos, se incluía habitualmente en naturalezas muertas y bodegones de la época.

SALA 30
En la sala 30 se unen John Singer Sargent y Eduardo Rosales, mostrando un interés similar en el retrato de personajes populares como en la Vendedora veneciana de cebollas (h. 1880-1882) del primero y Ciociara (h. 1862), del pintor español. A continuación, una jarra o pichel de Alemania (h. 1695) acompaña a las naturalezas muertas de los norteamericanos William Michael Harnett y John Frederick Peto, que buscaron inspiración en los bodegones alemanes y holandeses del siglo XVII para sus obras.

La comida (1972), de Equipo Crónica, con claras influencias de Goya, Miró y Juan Gris, se presenta en la sala 31 emparejada con El tío Paquete (h. 1819-1820) de Goya. También en este espacio se confronta una vista estereoscópica de la catarata de Giessbach en Suiza (h. 1870) con una obra de Gustave Courbet, que empezó a valerse de este tipo de imágenes que producen una sensación de tridimensionalidad para aumentar el realismo de sus pinturas.

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Retrato de Giovanna degli Albizzi Tornabuoni (1489-1490). Domenico Ghirlandaio y Retrato de Dora Maar (1939). Pablo Picasso.

SALAS 34 Y 36
La visita continúa en las salas 34 y 36, dedicadas a la pintura europea de la primera mitad del siglo XX, donde una máscara zoomorfa peruana (1991) y una escultura Fang de Guinea Ecuatorial dialogan con Teatro de máscaras (1908) de James Ensor y Fränzi ante una silla tallada (1910) de Ernst Ludwig Kirchner, en un juego que recuerda la presencia de las máscaras como tema recurrente en la obra del primero y al interés que mostró el segundo por las tallas africanas en madera que veía en los museos etnográficos de su país.

El Infierno creado por El Bosco en Fantasía moral (Visio tondali) (Siglo XV), repitiendo la escena de la tabla derecha de El jardín de las delicias, enlaza con la visión apocalíptica de la sociedad moderna representada por George Grosz en Metrópolis (1916-1917), en la sala 38.

A continuación, el retrato doble de Magdalena Parrella y Urbieta y su hija, pintado por Carlos Luis de Ribera y Fieve en 1850, se asocia con el de las actrices napolitanas Maria y Annunziata “del puerto” (1923), de Christian Schad. El retratista español utiliza un esquema similar al de los primeros retratos fotográficos, con una pose rígida de las protagonistas y una iluminación frontal, mientras que el segundo se decanta por un encuadre más próximo y moderno.

Cuando en 1918 el arquitecto Gerrit Rietveld diseñó Silla Roja y Azul, la madera no estaba lacada. Fue en 1923, siendo miembro ya del grupo De Stijl, cuando le añadió color, convirtiéndola en la transposición tridimensional del ideal artístico de Piet Mondrian, como puede verse en Composición de colores / Composición nº I con rojo y azul (1931), en la sala 43, ya en la planta baja del museo.

SALA 45
El recorrido sigue en la sala 45, donde la pasión de Marc Chagall por El Greco queda patente al poder contemplar frente a frente su Virgen de la Aldea (1938-1942) y La Coronación de la Virgen (h. 1592) del maestro manierista, con figuras alargadas y una marcada división entre el Cielo y la Tierra.
A continuación, en la sala 46, un azulejo nazarí del siglo XV encuentra su correspondencia en el máximo representante del expresionismo abstracto estadounidense, Jackson Pollock, cuyo lienzo Marrón y plata I (h. 1951), realizado con la técnica del dripping (pintura al goteo) transmite la misma sensación de horror vacui que esa gran pieza de cerámica vidriada.

SALA 48
Por último, cerrando la exposición, se exhiben en la sala 48 dos últimas parejas: una pequeña escultura de Afrodita (200 a.C.– 150 a.C.), diosa griega del amor, la belleza y la fertilidad, acompañando a una venus moderna, la Mujer en el baño (1963) de Roy Lichtenstein. Y dos obras de la década de 1960, Venecia era toda de oro (1961) de Lucio Fontana y Sitting Gioconda. Homenaje a Lucio Fontana (1969), que el español Darío Villalba le dedicó al pintor argentino, fallecido poco antes. El corte vertical que deja ver el rostro de la indigente anónima recuerda los cuadros de Fontana, marcados por esta nota distintiva que reproduce la acción de rasgar el lienzo con un cuchillo.